Nicaragua: El peso del destierro y la lucha por recuperar la Soberanía

Por: Ing. Tino López
Para quienes vivimos fuera de las fronteras de Nicaragua, la patria no es solo un mapa; es la angustia de una remesa que llega con sacrificio y el temor constante de que un «me gusta» en redes sociales ponga en peligro a la familia que se quedó atrás. Hoy, Nicaragua se encuentra en una encrucijada que nos toca a todos, sin importar cuántos kilómetros nos separen de El Carmen.
Navegar este momento exige de nosotros tres facultades: ética para no dar la espalda a la realidad, flexibilidad para entender un escenario regional que cambia día con día, y humanidad para recordar que, aunque estemos dispersos por el mundo, nosotros también somos Nicaragua.
1. El sostenimiento del país: Entre el control y el sacrificio del exilio
Mientras la propaganda oficial vende una normalidad ficticia, los datos desnudan una realidad cruda. Tras el reciente debilitamiento del eje autoritario en la región, especialmente tras los eventos en Venezuela, el régimen de Ortega-Murillo ha respondido con lo único que sabe hacer: mayor represión. Desde inicios de año, se reportan decenas de nuevas detenciones, engrosando una lista de presos políticos.
Pero hay un dato que nos toca directamente a nosotros: la economía del país sobrevive gracias a las remesas. La «estabilidad» de la que presume el Banco Central descansa sobre los hombros de quienes fuimos expulsados. Es la paradoja del exiliado: el régimen nos echa, pero se alimenta de nuestro esfuerzo en el extranjero. Hoy, trabajar en Nicaragua es vivir en una «pobreza laboral» que no alcanza para la canasta básica; nosotros somos el pulmón que evita el colapso, pero ese pulmón tiene el costo de la separación familiar.
2. ¿De quién es la Soberanía? Reclamando el derecho a decidir
El régimen ha secuestrado la palabra «Soberanía» para usarla como un escudo contra la justicia internacional. Como nicaragüenses, tenemos memoria histórica: sabemos quién fue William Walker y recelamos legítimamente de cualquier injerencia externa que busque solo nuestros recursos o beneficios geopolíticos.Sin embargo, como exiliados, debemos tener claro un análisis crítico:
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La Soberanía no es impunidad: No se puede llamar «soberano» a un país donde el pueblo no tiene voz ni voto. La verdadera soberanía reside en el ciudadano que elige, no en el gobernante que se atrinchera.
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La libertad no tiene precio, pero requiere aliados: Si bien la solución final debe tener sello nicaragüense para no repetir errores del pasado, la presión internacional es una herramienta legítima. No estamos «invitando a potencias»; estamos exigiendo que se respeten los derechos humanos universales que el régimen viola sistemáticamente.
3. La lección de Venezuela: La victoria electoral no basta sin la fractura del poder
Para el exilio nicaragüense, lo ocurrido en Venezuela no es solo un «espejo» de esperanza, sino una lección de realismo político crudo. La caída de la careta democrática de Maduro nos ha dejado un aprendizaje fundamental que debemos aplicar a nuestro propio contexto:
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El fin del mito de la invencibilidad: Venezuela demostró que un régimen autoritario, incluso con control total del sistema electoral, puede ser derrotado de forma aplastante en las urnas y en la calle. El «muro de miedo» se puede romper. La lección para nosotros es que el sandinismo ha perdido su base social; hoy son una minoría que solo se sostiene por la fuerza, y esa debilidad es irreversible.
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El límite de la voluntad popular: Esta es la parte más dura del aprendizaje. Venezuela nos enseñó que ganar la elección y demostrar el fraude no es suficiente para que el dictador se vaya. La verdadera soberanía solo se recupera cuando la presión interna y externa logra fracturar la lealtad de los mandos militares y policiales. Mientras el Ejército y la Policía vean su destino atado al de Ortega, el régimen resistirá a sangre y fuego.
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La necesidad de una alternativa viable para el «día después»: El escenario venezolano muestra que la oposición debe estar lista no solo para vencer, sino para gestionar una transición que ofrezca una salida a los mandos medios del sistema que no tengan las manos manchadas de sangre. Si no hay una grieta en la estructura de poder, el dictador se atrinchera.
En resumen, la lección clave es esta: La salida de Ortega no vendrá de un milagro internacional ni de una simple votación; vendrá de la combinación de una unidad interna indiscutible y una estrategia dirigida a erosionar el último pilar que sostiene a El Carmen: la obediencia de las armas.
Al final del día, el mensaje para nosotros en el exterior debe ser directo: la democracia no es un regalo que nos enviarán desde Washington o Bruselas. El espejo de Venezuela nos advierte que el camino es largo y que la caída de un dictador requiere una unidad real para gestionar el colapso del régimen. Nicaragua necesita que sus fuerzas de oposición dejen de lado las cuotas de poder imaginarias y entiendan que solo una estrategia conjunta podrá forzar la fisura interna que tanto necesitamos.
Nuestra trinchera es el mundo
La distancia no es ausencia; es, en realidad, una nueva trinchera de lucha. Estar en el exilio nos otorga una responsabilidad histórica: somos la voz de quienes han sido silenciados dentro del país y el motor económico que mantiene en pie a nuestras familias. Pero no basta con sobrevivir; debemos actuar. La libertad de Nicaragua requiere que pasemos de la indignación en redes sociales a la incidencia organizada.
Para que el sacrificio del destierro no sea en vano, te proponemos tres formas concretas de tomar acción hoy mismo:
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Conviértete en un «Embajador de la Verdad» en tu país de acogida:
No asumas que el mundo sabe lo que pasa en Nicaragua. Participa en cabildos locales, escribe a los representantes políticos en los países donde resides (senadores, diputados o alcaldes) y asiste a foros internacionales. La presión externa solo funciona si nosotros, los que estamos fuera, mantenemos la crisis de Nicaragua en la agenda pública global. Haz que tu presencia en el extranjero cuenten para presionar al régimen. -
Fomenta la «Remesa con Propósito» y el consumo ético:
Sabemos que tu prioridad es el bienestar de tu familia, pero podemos ir más allá. Siempre que sea posible, apoya a emprendimientos de otros exiliados y utiliza canales de envío que no estén vinculados a los intereses económicos de la dictadura. Fortalecer nuestra propia red económica en el exterior nos hace menos dependientes y más capaces de sostener una lucha a largo plazo. La solidaridad económica entre nicaragüenses es nuestra mejor red de protección. -
Rompe el cerco informativo y combate el sectarismo:
El régimen apuesta a nuestra división y al cansancio. Actúa compartiendo información verificada de los medios independientes que resisten en el exilio y evita caer en campañas de odio o descalificación entre grupos opositores. La unidad no significa pensar igual en todo, sino trabajar bajo un mismo objetivo: la salida del régimen. Organízate en tu comunidad local, por pequeña que sea, y prioriza los puntos de unión sobre las diferencias ideológicas.
El futuro de Nicaragua no se está escribiendo en las oficinas de El Carmen; se está escribiendo en cada rincón del mundo donde un nicaragüense se levanta a trabajar, a estudiar y a alzar la voz. Nuestra soberanía nos pertenece y recuperarla depende de lo que hagamos hoy, juntos, desde donde estemos.
¡Nicaragua será libre porque su pueblo, aun en el exilio, no se rinde!



